Bibiana Monje

ARTISTA www.bibianamonje.com

Alta pornografía psicológica.

*Aviso: lo expuesto en este texto teatral puede herir la sensibilidad de algunas personas. Importante NO TOMAR NADA EN SERIO. Sobre todo si  se trata de mis padres o familiares cercanos. No es broma.

*Consejo anexo: Directamente, si yo fuera alguno de mis padres, dejaría de leer este documento ahora mismo.

 Personajes:

Entrevistador: Hemisferio derecho. Masculinidad conceptual.

Entrevistada: Hemisferio izquierdo. Feminidad conceptual.

Escena única:

Se desarrolla en algún lugar íntimo, vacío y atemporal. Nada ocurre realmente, todo es ficción. Pareciera que se ponen a la luz ciertas intimidades personales. No creerse una palabra. Es todo mentira.

 ¿Cómo se siente “usted” siendo una mujer?

La verdad es que ese “usted” por el que me pregunta lleva toda su vida intentando no sentir la respuesta (risa)

¿Podría tomarse un momento y descubrirlo ahora?

Sí. Porqué no. Deme un segundo.

(silencio)

¿Puede repetirme la pregunta? (risa)

Por supuesto: ¿qué cómo siente su vida siendo una mujer y no un hombre?

…”y no un hombre”… Creo que preferiría contestarle simplemente a mi sentimiento con respecto a haber nacido mujer, independientemente de la supuesta posibilidad, frustrante por cierto, de haber podido nacer hombre.

No me haga líos.

No le hago líos. Si se lía ahora ya verá cuando empiece.

(risas)

Dígame, ¿cómo se siente?

Vulnerable.  (silencio)

¿Cómo cree que se sentiría siendo un hombre?

(risa) (silencio) Poderoso.

¿Cuál es su fantasía acerca de cómo hubiera sido su vida si en vez de haber nacido niña hubiera sido un niño?

(risas) …wow! Pues todo habría sido mejor, más fácil. Más divertido y menos “castigador” en algún punto. Incluso ahora, todo sería más sencillo ahora.

Y eso que no nació 50 ni 100 años atrás…

¿Está valorando si es cierto lo que le digo no?

No,  discúlpeme, me consta que lo que dice es cierto, o al menos así lo vive usted. Pero cuénteme, ¿por qué lo dice?

En mi fantasía habita la idea de que no tendría que seguir habitando una sexualidad dividida, incompleta o enferma, si fuera un hombre. La llamo enferma porque en ella habita el miedo. Se me habría permitido ser un cazador y no me habrían asustado con la culpa o la debilidad. Si fuera un hombre no tendría que sentir la mirada pesada y con aires de superioridad de tantos otros hombres. Podría haber jugado al futbol muchas más veces de las que jugué. No tendría la sensación de tener que encajar en la escueta fantasía sexual del mundo pornográfico y machista. No tendría que defenderme de la imagen de manipuladora o inestable emocional, tan anquilosada en la psique masculina.

No tendría que ver sangrar mi vagina una vez al mes, ni sufrir los dolores ni los cambios hormonales o emocionales que eso conlleva. No tendría que sufrir ningún parto biológico.

¿Sus padres  querían un varón?

Tuve una madre y un padre

Sí claro, a eso me refiero.

Ha dicho “padres.”

(silencio)

¿Ha visto? A eso me refiero, es una tontería ¿verdad?, incluso podríamos tachar mi broma de mal gusto. (silencio) Dígame… como se sentiría usted si yo le preguntara “¿sus madres querían que usted fuera una mujer?” (silencio) ¿Entiende la fuerza psicológica inconsciente que puede tener una estúpida frase coloquial sin importancia? ¿En serio es posible la aceptación absoluta de ser una mujer sin pasar o trascender la “herida” o “realidad creada” – llámenla como quieran-  de tanta descolocación social, política y espiritual a lo largo de tantos  siglos?

¿Está usted enfadada?

(risas) A veces, sí. Y pido disculpas por mi torpeza.

¿Se considera usted feminista?

¡Qué coño!  Detesto  el feminismo, al igual que el machismo, y tantos otros conceptos terminados en “ismos”.

No sé muy bien como formularle la pregunta entonces… ¿Querían su madre y su padre haber tenido un varón?

(risa) Muchas gracias por el esfuerzo. (silencio) Sí… o así lo he sentido yo siempre.

¿Aún lo siente?

No, ahora es distinto… sin embargo esta información sigue estando en mi organismo.

¿Qué cree que hubiera pasado si hubiera sido un niño?

En mí habita la sensación de que habría sido aceptado, respetado desde el primer momento, simplemente por  ser un varón. Hablo de un nivel muy profundo e inconsciente, probablemente si le preguntase a mi familia no dirían nada parecido. Quizás la única persona que no se hubiera alegrado tanto habría sido mi tía. Ella fue la única de mi familia verdaderamente feliz de que yo haya sido una niña.

Hábleme de la familia de su padre

Creo, y me lo invento, que la familia de mi padre habría estado orgullosa de que su primer nieto hubiera ayudado directamente con su mini falo a perpetuar el apellido, e inmediatamente habría recaído sobre mí una especie de esperanza o  confianza, no sé de qué exactamente, pero algo pesado, arraigado a lo más profundo del árbol genealógico. Como una especie de “deber seguir con la saga” o algo así. En este sentido debo decir que me he salvado, pues a mí se me dio por perdida desde el principio, (risas)… no sólo por ser mujer sino por ser hija de mi madre, que si le hablara ahora de ese contexto sería cambiar de tema, ya que tiene que ver con asuntos de otra índole, como prejuicios sociales o económicos, muy típicos en la conducta pueblerina.

No sé si le he entendido bien…

No importa. (risas)

¿ Y por parte de su madre?

Mi abuela,  pilar de la familia y mi principal cuidadora junto a mi tía, me hubiera dado más libertad –tenía una curiosa tendencia a super protegerme, por no decir encerrarme en casa para que no me pasara nada malo. Creo que si hubiera sido varón me hubiera tratado como alguien, que en algún aspecto, mereciera más respeto, como un ser superior por el mero hecho de ser niño, y por lo tanto me hubieran dado un espacio mayor para “ser” y “hacer”.

Creo que mi madre se habría sentido orgullosa de cara a su familia y  la de mi padre, y más tranquila, si en vez de vulva hubiera tenido un par de huevitos, habría sentido la seguridad de que yo iba a ser más feliz, y que no tendría que pasar por el sufrimiento que han pasado las mujeres de mi familia. Sin embargo creo que habiendo nacido varón, antes o después hubiera cargado sobre mí  la culpa y el reproche de todos esos hombres que ocasionaron tanto dolor  a las mujeres del árbol. Cosa que por otra parte me he librado. A mí me cayó directamente el enfado y la rabia atávica de todas ellas. (risas)

¿En serio cree todo lo que me está diciendo?

No. Le estoy vacilando… (silencio) (risas)

No es que lo crea, es la información, errónea o no, que he almacenado y he descubierto hace relativamente poco.

Entiendo. (silencio) ¿Cree que la relación con su padre hubiera sido diferente siendo un niño?

Absolutamente. Por supuesto, creo que me hubiera hecho más caso. Creo que hubiera estado presente. Le habría dado menos miedo el acercamiento. Habría compartido su sentido de la vida y sus emociones  de otra manera. Hubiera estado ahí, cerca, casi como un hermano, pues creo que nunca ha sabido ocupar su rol de padre. Y lo entiendo, su padre fue ausente con él, e imagino que así se ha repetido generación tras generación. Lástima, un sistema patriarcal de ausentes, hombres sin hombres… (risa) ¿curioso verdad?.

Es cierto que algo me dice que, en algún punto, incluso siendo varón y habiendo elegido el arte como camino de vida y no la tradición familiar, la decepción y la ruptura hubieran sido más dramáticas y difíciles, incluso podría haber caído algún prejuicio del tipo “ser maricón” o un flojo, o un traidor. Repito, todas estas afirmaciones son productos inventivos del hemisferio correspondiente. EL caso, creo que de cualquier manera estaba destinada a romper los patrones familiares. (risas)

¿Y con su madre, cómo cree que ha influido el que fuese una niña?

Creo que ella ha desarrollado un sentimiento, quizás por el instinto protector,  de pertenencia, como si se proyectara en mí, como si yo fuera ella en algún aspecto,  que no le deja soltarme y dejarme volar verdaderamente. Me refiero a una confianza y desapego REAL, consciente de que yo soy un ser distinto a ella, adulto e independiente, como si no pudiera colocarme en ningún otro lugar que no fuese el de “su hija”. Como si necesitase una serie de demostraciones que le permitieran cambiar su forma de relacionarse conmigo.

Mi padre, sin embargo, pareciera como si no hubiera sido él quien decidió poner su esperma para mi creación.

Si no me equivoco usted nació de una marcha atrás.

(Risas) Efectivamente. ¿Insinúa algún tipo de excusa legal al respecto? (risas)

No, continúe…

Mi percepción con respecto a él es como si habitara en una inconsciente irresponsabilidad biológica y donde sólo se siente identificado con mis éxitos, como si, paradójicamente, alguna parte suya se atribuyese un porcentaje de ellos. Curioso.

¿Ama usted a sus padres?

(risas) Claro que sÍ,  ¿por qué lo dice?

Disculpe, quería decir a su padre y a su madre

(risas) No se preocupe, le he entendido. Gracias.

Lo digo por cómo habla de ellos.

¿Cómo hablo de ellos? ¿Le suena muy duro u ofensivo?

Suena analítico,  lejano, como si no hubiera un vínculo emocional en lo que dice.

(risas)  Intento expresarle de la manera más honesta y racional que puedo lo que ha sido mi verdad  desde muy pequeña, una verdad de la cual ni yo misma he sido consciente hasta hace muy poco. Esto no quiere decir que la realidad que yo me “he inventado” a cerca de ellos, de mí y del mundo sea cierta o no, es una pura percepción, pero soy consciente de que ha condicionado mi vida hasta hoy. Es por eso que está usted aquí preguntándome, ¿no?, para sacar a la luz las creencias antiguas y revisarlas, y elegir cuales quiero en mi vida de adulta y cuales voy a inventarme a partir de ahora.

Pero a su pregunta de que si los amo le respondo: cada vez más, o mejor dicho, cada vez los amo mejor. Aunque no hable mucho con ellos. Los voy entendiendo y aceptando en mi distancia, y voy agarrando la responsabilidad que me toca, dejando de culparles por mis dificultades de ahora y de enfadarme con ellos por no ser como en mi fantasía me hubiera gustado que fuesen. Me doy cuenta de la impertinencia tan grande que significa desear que el otro cambie.

¿Cree que estarán leyendo esto?

Es muy probable. (risa nerviosa)

¿Se siente cómoda pensando en la posibilidad de que sus palabras puedan herirles en algún punto?

Por supuesto que no, no tengo ninguna intención de herirles, ni de reprocharles nada con estas declaraciones, por eso  quiero dejar tan claro que esta es la percepción que yo me he creado de ellos, y más que de ellos de mi propia condición femenina, a un nivel muy inconsciente. Y es probable que hayan cosas ciertas en lo que digo -eso sólo lo podrán valorar ellos- pero hay muchas otras que no, que las he mamado de la cultura, de la educación, de las personas que me rodeaban o del inconsciente colectivo, e incluso habrá otras que me las haya inventado de la nada porque me convenía en su momento. Qué se yo. Lo que pretendo hacer, ofreciéndole esta entrevista, es hacer de espejo una vez más. Para mí misma. Para dar luz a las zonas oscuras, sin miedo a dejar que las heridas se sequen al aire. Ya no existen más secretos para mí. Se acabaron las puertas cerradas.

¿Sigue creyendo en la palabra “herida”?

(Risas) Justo estaba pensando en ello… No, tiene usted razón, las heridas no existen, son ilusiones también creadas. Gracias por aclararlo.

Yo no he aclarado nada. (risas) ¿Cree que su padre la ha infravalorado por su sexo?

No directamente, pero muchas veces percibo una broma/burla torpe y constante hacia mi condición femenina, siempre teñida de complicidad y compasión. Sé que no tiene intención de herirme, pero la proyección inconsciente de su creencia –también desvirtuada- a cerca de las mujeres, revelan el juicio, el dolor o el vínculo sexual y emocional que ha creado en la relación con “su madre” – o digámoslo de otro modo, con “la mujer”, que viene a ser lo mismo. Por supuesto, repito, esto él no sé si lo comparte. E incluso no sé si otras mujeres alcanzan a verlo, mi opinión es que su personaje creado a nivel social es muy diplomático e inteligente, de hecho podría decir que su actitud transmite totalmente lo contrario.

¿Se lleva bien con su padre?

Estamos algo distanciados. Pero si, me llevo bien. Digamos que estos últimos años he estado transitando por la desmitificación de Electra. (risas)

¿Cómo describiría su relación con los hombres?

¡Buah! (silencio) No he tenido nunca el valor de mirarles a la cara como mujer. Me asustaron y  me prohibieron, en cierta manera, el relacionarme con ellos, al menos de la manera que a mí me nacía naturalmente relacionarme con ellos: debajo de las mesas, tacándonos, jugando  detrás de los sillones. Se me ordenó no creer en sus intenciones, y temerles por ellas.  Todo el mundo me habló mal de ellos, tanto las mujeres como los propios hombres. Y si le digo ya que estuve en un colegio de monjas rodeada de niñas –dos mil, para ser exacta- durante 15 años y donde uno de los leitmotiv en los fundamentos de su educación era:  “aprende LA CULPA o no serás buena persona”, pues… (risa) para ser diplomática diré que me ha ayudado mucho a forjarme un carácter ambiguo, extremadamente racional y lejano,  inaccesible para el otro, sobre todo de cara a los hombres.

¿Cómo te imaginas la vida hoy en día siendo un hombre?

(Silencio) …mmm… Físicamente estaría muy bueno. (risas) Tendría un cuerpo atlético, me imagino un rollo “héroe de guerra”, lleno de músculos, precioso e indomable. No tendría la regla durante 9 días seguidos. Podría no tener miedo. Podría encontrarme con Dios, que parece que sólo ellos pueden hacerlo. Haría deportes de riesgo, y podría recibir los balones de reglamento con el pecho. Podría cuidarme menos. Podría ser una puta. Podría follar sin sentimiento y me alabarían y admirarían por ello. Podría lograr el éxito más rápidamente porque tendría el camino abierto, psicológicamente hablando me refiero. Podría no hacerme la cera, odio hacerme la cera. Pero a su vez han conseguido que odie ver pelos. (silencio) No sé qué sentiría usted si le pegaran a los pelos del culo una cinta con pegamento y tirase fríamente de él, mes tras mes, y le aseguro que no duele menos cada vez, ni salen menos pelos (risas).

¿Y qué pasaría si aceptara ser lo que es, una mujer?

¿Se ve algún atisbo de “no aceptación”? (risas) En mi fantasía pareciera que debo aceptar mi lugar sumiso, de debilidad, de objeto sexual. Debería dejar entrar al hombre. Debería aceptar que simplemente por ser mujer soy follable y mi cuerpo lo expresara todo el rato. Debería aceptar el llamar la atención de los hombres y presenciar las ansias de posesividad del ego masculino.

Cada día, y no exagero, uno o más hombre me observan por la calle, con deseo o con intensidad de “penetrar” de alguna manera en mí. De hecho algunos lo hacen gráficamente (risas). Yo me mantengo en mi muro de hierro. No encajo en el ideal de mujer del último siglo, lo sé.  Siento un profundo odio y rencor hacia ellos, y repito, la sensación va más allá de mí, como si no fuera mío lo que siento, pues yo he vivido básicamente apartada de ellos. Es como si en mi sangre se hubiera acumulado el dolor de miles de mujeres y yo tuviera que limpiarla con mi perdón y aceptación.  Me siento insegura y vulnerable. Sin embargo, a su vez y curiosamente, tengo unas ganas nobles y fuertes del encuentro con ellos. No me conozco aún, no sé la mujer que soy. Me habita el miedo. Confieso que es muy cómoda la ambigüedad. He construido un buen personaje, de chico alternativo, con cara y cuerpo de chica, ahora de mujer, y la movida es que ese chico se ha dado cuenta de que es gay. (risas)

¿Disculpe?

Que el chico que me habita es gay. Que le gustan los chicos.

(silencio) Prefiero pasar a otra pregunta si no le importa

Que va… (silencio) ¿Le da morbo o algo?

(haciéndose el loco) ¿Le ha servido de algo ese personaje?

¡Muchísimo! Proyecta la imagen interesante y atractiva de una mujer independiente y segura,  porque no muestra la desilusión original de haber nacido mujer, sino que  pareciese que me armo de los poderes femeninos para actuar como lo hacen o lo hacían los chicos. Y eso me ha dado poder y  me gusta, lo reconozco, me gusta ese “usted” tan original, ambiguo y con carácter que proyecta. Noto el imán que eso genera.  Pero mi cuerpo se está manifestando. Mi naturaleza, mi poder esencial de mujer, escondida, adiestrada y reprimida se despierta como un caballo salvaje, creadora de vida, y me pide que integre mis pechos, libres, no desapercibidos. Mis Curvas. Mi sensibilidad y compasión. Mi instinto. Me dice que acepte la  sangre. Que perdone. Que me abra y que llore.  Que abrace y que acoja en mi pecho al “enemigo”.

(silencio) Sólo dos cosas más, ¿no teme que piensen que está loca si publica todo esto?

(Risas) Es una locura ciertamente.

¿Y qué piensa hacer con todo esto?

Dejar de creérmelo.

Silencio

Silencio

Silencio

Silencio.

Anuncios

5 comentarios el “Alta pornografía psicológica.

  1. carizurita
    agosto 5, 2015

    Me ha gustado mucho esta “locura” tuya. Has resumido en tu entrevista una vida de patriarcado, los clichés de las crianzas y tantas cosas más, la negación de la propia feminidad a una edad y la exigencia de la misma en otra. Tanto por aprender y tanto mas por desaprender.

  2. Fayna Brenes Quevedo
    agosto 6, 2015

    Genial.

  3. Celia
    agosto 20, 2015

    Espectacular

  4. santavanesa
    enero 8, 2018

    Que desastre joder. Y ahora qué?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Información

Esta entrada fue publicada el julio 27, 2015 por en Personal.
A %d blogueros les gusta esto: